miércoles, 4 de abril de 2018

La fábula del duende y la tortuga (¿por qué se pierden las púas?)

Es bien sabido que las primeras púas en el mundo de la música para los instrumentos de cuerda se fabricaban del caparazón de tortuga. Y es entonces que aparece esta fábula que contaremos la cual explicará la razón por la cual a todos los guitarristas se nos pierde la púa.


Hace muchos, muchos años, había un guitarrista con fama de ser pedante y egoísta. Cada vez que tocaba la guitarra sorprendía con su gran dominio del instrumento tanto a principiantes como a colegas músicos de la época y ni qué decir del público que lo escuchaba, entre jóvenes y bellas damas. En su búsqueda de mejor sonido se enteró que las primeras púas eran fabricadas del caparazón de la tortuga. Es así como guiado por su avaricia emprendió la búsqueda desenfrenada de alguien que le podría hacer este objeto. 



Buscó y buscó por diferentes ciudades y pueblos hasta que encontró a un viejo artesano en un pequeño taller de luthería. Tocó la puerta y le habló:

“Soy uno de los más grandes guitarristas del continente, mi nombre es Magnus. He escuchado que tú fabricas púas del caparazón de la tortuga. Quiero que me hagas muchas y así volverme el mejor músico del mundo”.

El anciano levantó la mirada y con sus ojos brillantes, soltando una carcajada le dijo: 


“Ustedes los guitarristas, siempre soberbios, con pocos modales y siempre exaltándose. Pero vamos, tome asiento y le explicaré por qué razón ya no uso ese material”. El anciano que construía un instrumento viejo llamado laud, con sus manos ya trajinadas de tantos años de trabajo, reposó este hermoso instrumento en una mesa larga y continúo hablando:

“Estas púas son muy especiales, hacen que el sonido de las cuerdas hipnoticen al que lo escucha. Pero existe una condición para esto, la tortuga tiene que haber fallecido ese mismo día. Es así que nosotros dejamos de construir púas de su caparazón porque ellas tienen un alma grupal que las protege, tanto en los ríos, bosques y mares…”

Mientras el anciano luthier narraba esta historia, Magnus no comprendía nada de lo que le decía pues estaba cegado con la idea de obtener el mejor sonido del mundo. Es por eso que abruptamente interrumpió y dijo:

“Vamos abuelo, yo no creo en esas tonterías. Dime cuánto es y constrúyelas para mí. Ganarás fama porque soy muy conocido.” La expresión en el rostro del soberbio músico iba cambiando a medida que pasaban los segundos. La intolerancia e impaciencia contrastaban con su virtuosa técnica y ejecución.

Aquel hombre, escuchando al gran guitarrista, dijo:

“Su paciencia y larga vida con nosotros, los seres humanos, han permitido que podamos aprender muchas cosas de ellas. Es por eso que esta ALMA grupal las protege y un batallón de duendes las cuida en nuestro mundo. Cuando están amenazadas, nuestros ojos no pueden ver lo que estos pequeñines son capaces de hacer por ellas. Todas las púas que me mandes a fabricar se perderán e irán de vuelta al ALMA grupal gracias a estos duendes, quienes te plantarán la semilla invisible de la cólera. Algunas de estas púas se perderán en el camino, por eso las verás regadas en el piso, en el fregadero y en un sinfín de lugares que nunca te hubieses imaginado haciendo aumentar tu frustración y enojo. Haciéndote perder el tiempo en vez de ejecutar la guitarra.” El anciano continuó y con una sonrisa muy amable miró a Magnus. Sin embargo, este tanto insistió e insistió que el viejo luthier aceptó el encargo.

Continuará.

1 comentario:

Nifer Gonzales Cuadros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.