jueves, 19 de marzo de 2009

Los del Conservatorio me haran Leña!!!



Todos hemos tenido profesores y maestros que han dejado huella en nosotros. Seguro que hay frases que nos decían y que nunca podremos olvidar. Muchas veces no somos concientes de la profundidad de estas hasta que pasan muchos años, a veces incluso cuando ya no están. Dentro de esto conjunto de vivencias que todos hemos tenido, me viene a la memoria algo que me dijo una maestra mía cuando yo apenas era niño; fue al finalizar un pequeño concierto en el que actúe: “Lo tenías que decir, lo has dicho bien”.

En aquel momento me quedé pensando, porque entendía a que se refería… ¡Yo había tocado el instrumento, pero no había dado ningún discurso!.
Realmente ahora es cuando he comprendido la profundidad de aquellas palabras: la música es un lenguaje. Por leer está afirmación y estar de acuerdo con ella no quiere decir en absoluto tener conciencia del verdadero significado. La música como lenguaje: algo que a la vista nos parece tan tópico, tan cotidiano. Paradójicamente muchos de nosotros hemos estudiado en escuelas, profesores reconocidos, institutos superiores, mil y una asignaturas complementarias, miles de piezas para el instrumento y resulta que ¡apenas conocemos como funciona el lenguaje de la música! ¿Pero cómo es posible esto, si conocemos tanto de la música?

Estudiamos como se estructura el lenguaje de la música, estudiamos las reglas, las técnicas, desde un punto de vista sintáctico. La mejor comparación que se me ocurre es el latín, casi todos hemos tenido que estudiar palabras latinas, las declinaciones, etc.; y sin embargo ninguno supo hablar latín.
Es cierto que conocemos la música… sabemos lo que es una corchea, sabemos interpretar música en nuestro instrumento…, pero ¿Sabemos hacer música? ¿de verdad crees que la visión musical de un compositor a la hora de interpretar una pieza es la misma que la de un intérprete, que por muy buena técnica que posea el susodicho intérprete?

Merece la pena citar aquella anécdota en la que tras estrenar Bethoven una composición, se le dirigió un músico y le dijo algo así: Maestro, no se da usted cuenta de los errores musicales que ha cometido, a lo que Bethoven respondió: La música soy yo. Paco de Lucía, Louis Armstrong y otros grandes, probablemente nunca llegarán la cantidad de títulos que los titulados en música poseen, sin embargo ellos son la música, al igual que Mozart, Rachmaninoff o Bethoven. Cualquier cantaor de flamenco puede ser más músico que un profesor superior de instrumento.

Todas esas afirmaciones nos llevan a la pregunta clave: entonces ¿para qué sirven los Conservatorios actualmente?, podríamos divagar y llegaríamos a conclusiones tan aberrantes, como considerar la música un arte de ciencias infusas, un arte oscura, como si fuera cosa de magos.

Actualmente necesitas uno ser un mago para darse cuenta de lo que es música en realidad, dando por supuesto el poseer unos estudios superiores en conservatorio oficial. La música es mucho más que cuatro notas y media y los matices irreguladores, fuertes y piano, que conllevan estas notas.
En los Conservatorios no aprendemos música, aprendemos como se organiza la sintaxis musical. Aprendemos a leer música. Incluso salen instrumentistas fantásticos. Pero realmente podremos comprender la música alguna vez, en la carrera de un música, pocas asignaturas, son las dedicadas a la más importante, que es la comprensión y el entendimiento de la música.

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